Aprendí a escribir cuando iba a párvulos... me dieron mi primer lápiz de minas y un cuaderno Rubio titulado Escritura vertical.
Todo eran palitos y redondas que se unían de forma curiosa.
Pasados unos años he de aprender otro tipo de escritura, en la que el cuaderno es un blog, el lápiz son mis dedos y las páginas no pasan en horizontal, sino en vertical...



lunes, 13 de septiembre de 2010

el colchón de muelles ...

el día había sido duro... no más que lo anteriores, pero el cansancio acumulado lo había hecho más cuesta arriba... llegué a casa sobre las ocho... abrí la nevera y cogí un yogur azucarado... mientras se abría el correo pensaba en que las vacaciones habían acabado y me había quedado algo por hacer... no sé el qué, pero me había faltado algo... entré en una web de viajes buscando alguna oferta para el primer puente que hubiese... Roma, Londres, Praga... todo era demasiado caro... miré casas rurales de la provincia y vi una que me llamó la atención... casa rural de cuatro habitaciones... no apto para príncipes y princesas... reservé...

al llegar a la casa, los dueños salieron a recibirnos con una simpática sonrisa... Clin, el perro, también mostraba alegría moviendo el rabo enérgicamente... nos mostraron la habitación que nos habían preparado... me sorprendió la altura de la cama... la observé y me di cuenta de que había siete colchones... me hizo gracia y sólo esperaba no caerme de la cama porque la distancia hasta el suelo era considerable...

paseamos toda la tarde por los alrededores... charlamos. reimos... fuimos al pueblo más cercano a comprar mermeladas y hierbas para cocinar... el tiempo se nos echó encima y nos apresuramos en volver antes de que anocheciera... llegamos justo a la hora de la cena... tras saborear los exquisits platos preparados por Pilar, nos tomamos un pacharán casero en la terraza junto a otros huéspedes... ninguno habíamos estado allí antes y comentábamos lo bien que se estaba, lo calmada que era allí la vida... tras arreglar un poco el mundo, nos dimos las buenas noches...

nos costó subir a la cama, pero prometía ser cómoda... estaba tan cansada que nada más estirarme empecé a soñar... pero no duró más de un minuto... no pegué ojo en toda la noche... algo me molestaba en la espalda... un muelle, pensé...

a la mañana siguiente Pilar, al ver mi cara, me preguntó si había descansado... le mentí con una sonrisa, pero me guiñó un ojo y me dijo: notaste el guisante, verdad?


dedicado a todos los que en estos momentos me hacéis sentir tan bien... a todos los que siempre me tratáis como una princesa...